Alejados de la sofisticación y el celo profesional de las grandes instalaciones de la NASA, la pequeña localidad de Parkes en Australia, acogía el mayor telescopio del hemisferio sur, y recibió el encargo de ayudar al receptor principal situado en Goldstone (California) en la retransmisión televisada del pequeño gran paso de Neil Amstrong.
Una responsabilidad que lejos de modificar el carácter sosegado de los trabajadores del telescopio, sirvió para que estos demostraran que se puede contribuir a los grandes avances de la humanidad sin renunciar a una peculiar manera de entender el mundo y echando mano de la improvisación y de la chapuza para solucionar los imprevistos. El observatorio que recibió las primeras imágenes de la Luna está situado en el pequeño pueblo de Parkes, en Australia y tiene un plato de 64 metros de diámetro siendo el radiotelescopio más grande del hemisferio Sur.
Sin embargo, todo esto no estuvo libre de problemas, ya que varias horas antes de la retransmisión perdieron al Apollo 11, debido a un corte de energía en el lugar y minutos antes de que la tripulación se posara sobre la luna, tuvieron problemas para retransmitirlo, ya que la tripulación adelantó varias horas el paseo y en ese momento no tenían la luna suficientemente alta para poder recibir bien las imágenes.
Además de que en ese mismo momento, estaban sufriendo vientos de más de 60 km/h y la antena, en un principio a esas velocidades de viento no podía funcionar, ya que 55 km/h era la velocidad máxima de seguridad, pero gracias al entusiasmo de los trabajadores de radiotelescopio, lograron poder recibir y mandar las imágenes para el mundo.
Las imágenes eran enviadas en un formato específico (Slow Scan TV, SSTV), que era necesario convertir a un formato más estándar para su difusión en televisión. Esta conversión se hacía en Australia, antes de enviar las imágenes a Houston, por lo que en Australia vieron posar a la tripulación del Apolo 11 sobre la luna unos 6 segundos, antes que los de la propia Nasa.
Basado en hechos reales aunque con personajes y caracteres completamente inventados, La luna en directo se adentra en el papel que jugó un excéntrico y humilde equipo de científicos australianos en el legendario paseo lunar de Neil Amstrong y sus compañeros.
La luna en directo es una deliciosa comedia bientencionada y sencilla, tan ingeniosa como ingenua, que recupera el optimismo y la vitalidad de las mejores obras de Frank Capra y en la que los personajes están tratados con un respeto y una ternura poco habitual en el cine reciente. Un filme tierno, reconfortante, profundamente humanista y en cierto sentido conservador. Puro y gozoso cine de entretenimiento que no necesita camuflarse tras ninguna coartada intelectual o comercial y que durante una hora y media nos devuelve la confianza en la raza humana.
Encabezando el reparto encontramos a Sam Neill (El piano, El hombre que susurraba a los caballos, Parque Jurásico,...) que encarna al tranquilo y atormentado director del equipo responsable del telescopio. Entre la galería de entrañables y excéntricos personajes que pululan por la película destacan el eficaz guardia del telescopio (uno de los grandes hallazgos cómicos del filme), el alcalde bonachón de Parkes (atención a su parecido con Lou Grant) y el irónico y conflictivo técnico Ross Mitchell que protagoniza algunas de las escenas de mayor intensidad dramática.
Estoy aquí hoy con la humildad de la tarea que tenemos ante nosotros, agradecido por la confianza que me han depositado, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados.
Le agradezco al presidente George Bush por sus servicios a nuestra nación, así como por la generosidad y cooperación que ha demostrado en estar transición.
44 estadounidenses han juramentado para ser presidentes, las palabras se han dicho en tiempos de prosperidad y de paz, pero de tanto en tanto el juramento se produce en medio de nubarrones y de tormentas.
En estos momentos Estados Unidos no solamente ha seguido adelante por la visión del liderazgo, sino porque nosotros, el pueblo, hemos mantenido la fidelidad a los ideales de los próceres y la fe en nuestros documentos fundamentales, así tiene que ser con esta generación de estadounidenses, que estamos en medio de crisis que no entienden cabalmente.
Nuestra nación esta en guerra contra una vasta red de violencia y odio, nuestra economía está muy debilitada debido a la irresponsabilidad de algunos, pero también por que no tomamos decisiones firmes para preparar a nuestra nación para una nueva era.
La gente ha perdido hogares, empleos negocios, nuestro servicio médico es muy costoso y cada día trae mas evidencia en que la forma en que utilizamos la energía fortalece a nuestros adversarios
Estos son los indicadores de la crisis, sujetos de datos y estadísticas, menos medible, pero no menos profundo es la falta de confianza en nuestra nación un temor de que la declinación de Estados Unidos es inevitable y que la próxima generación debe reducir sus expectativas, hoy los retos que enfrentamos son reales a son muchos, que no se van a encerar con facilidad o en corto tiempo pero, sepan esto estadounidenses van a ser encarados.
Este día nos reunimos porque hemos decidido optar por la esperanza sobre el miedo, en la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia, en este día queremos proclamar el fin de los reclamos mezquinos y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas desgastados que por mucho tiempo han estrangulado a nuestra política, seguimos siendo una nación joven, pero como dice la escritura, ha llegado el momento de reafirmar nuestros espíritu perdurable, des escoger lo mejor de muestra historia y avanzar con este don, esta idea noble pasada de generación en generación la promesa divina de que todos somos iguales, libres y merecemos la oportunidad de buscar la felicidad.
Al reafirmar la grandeza de nuestra nación entendemos que la grandeza no es un regalo absoluto. Debe ganarse. Nuestro viaje nunca ha sido uno de atajos o de conformismos, no ha sido un camino para los débiles, para los que prefieren el placer al trabajo o que buscan solo los placeres de la riqueza y la fama, han sido los ambiciosos, aquellos que hacen cosas, los que corren riesgos, algunos conocidos, en su mayoría gente desconocida que han avanzado por esta difícil senda hacia la prosperidad y la libertad, por nosotros ellos reunieron sus pocas posesiones y cruzaron océanos buscando una nueva vida, por nosotros ellos trabajaron en fábricas, conquistaron el Oeste, se aguantaron las dificultades. Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concorde y Kenninsburg. Norman Diaz y Key Sand.
Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta que sus manos sangraban para que tuviéramos una vida mejor. Ellos vieron a Estados Unidos como algo más grande que la suma de nuestra ambiciones y debilidades, más grande que las diferencias provenientes del nacimiento y de la riqueza. Este es el viaje en el que estamos hoy.
Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa del mundo. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó la crisis. Nuestra mente no es menos creativa. Nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que hace una semana, un mes o un año. Nuestra capacidad se mantiene, pero el momento de quedarnos observando, de proteger intereses mezquinos, ese tiempo ha pasado.
A partir de hoy debemos levantarnos, desempolvarnos y comenzar a trabajar para rehacer a Estados Unidos.
Donde quiera que miremos hay trabajo por hacer. El estado de la economía demanda acciones audaces y vamos a actuar no sólo para crear nuevos empleos sino para asentar los fundamentos del crecimiento.
Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y líneas digitales que alimentan nuestros comercios, reestableceremos la posición que le corresponde a la ciencia y usaremos las maravillas de la tecnología para mejorar el cuidado médico y disminuir sus costos. Aprovecharemos los recursos del Sol y el viento para movilizar nuestras fábricas y autos y transformaremos las escuelas y universidades para atender la demanda de la nueva era.
Podemos hacerlo y esto es lo que vamos a hacer.
Algunos cuestionarán la escala de nuestras ambiciones, les sugerimos que nuestro sistema no puede tolerar demasiados planes. Ellos tienen una memoria corta, porque han olvidado lo que este país ya ha hecho, lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación y el propósito común se unen y la necesidad y el coraje.
Lo que los cínicos no entienden es que el suelo se les ha movido, que los argumentos políticos desgastados que nos han consumido por tanto tiempo ya no se aplican. La pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es muy grande o muy pequeño, sino si acaso trabaja, si ayuda a las familias a encontrar empleos decentes, le da el cuidado que necesita, una jubilación digna. Si la respuesta es sí, seguiremos adelante, cuando la respuesta sea no, los programas se acabarán y aquellos que manejamos el dinero público tendremos que responder para usarlo de manera sabia, reformar los malos hábitos y sólo así podremos reestablecer la confianza vital entre el pueblo y su gobierno.
Tampoco la pregunta es si el mercado es una fuerza para el bien o el mal, es un poder para generar riqueza y libertad incomparable. La crisis nos debe recordar que si no hay un ojo vigilante, el mercado se puede salirse de control y una nación no sólo puede prosperar en favor de los más prósperos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no solo del tamaño de nuestro Producto Interno Bruto, sino por el alcance de nuestra prosperidad, nuestra habilidad de extender oportunidades a cada uno. No por caridad si no porque es el camino más seguro al bien común.
En cuanto a nuestra defensa común rechazamos la falsa premisa de que hay que escoger entre la seguridad y los ideales. Nuestros próceres se enfrentaron a peligros que no podemos ni siquiera imaginar. Ellos pasaron una senda para asegurar el imperio de la ley y los derechos del hombre expandiéndola con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo y no vamos a renunciar a ellos solamente por celeridad, así que a todos los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy desde las grandes capitales a los más pequeños pueblos, como aquel en que nació mi padre, sepan que Estados Unidos es una amiga de cada nación, de cada hombre mujer y niño que quiere un futuro de paz y dignidad y estamos listos para retomar el liderazgo.
Las generaciones que nos precedieron enfrentaron el fascismo y el comunismo no sólo con mísiles y tanques sino con firmes alianzas y convicciones, entendieron que nuestro poderío por sí solo no podía protegernos ni nos daba el derecho de hacer lo que nos daba en gana, en lugar de eso vieron que nuestro poder crecía gracias a su uso prudente, nuestra seguridad se derivaba de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la templanza de nuestras cualidades de humildad y comedimiento.
Somos los defensores de este legado guiados por estos principios podemos encarara esas amenazas que requieren un mayor esfuerzo, más cooperación y entendimiento entre las naciones, comenzaremos de manera responsable dejando a Irak en manos de su pueblo y para consolidar la paz en Afganistán con viejos amigos y enemigos, trabajaremos incansablemente para reducir la amenaza nuclear y el fantasma de un planeta en calentamiento, no vamos a disculparnos por nuestro estilo de vida ni vamos a doblegarnos en su defensa, lo que les decimos es que nuestro espíritu es fuerte y no va a ser quebrantado, ustedes no van a durar más que nosotros y los vamos a derrotar
Porque sabemos que nuestro legado es de fortaleza y no de debilidad somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos, hindúes y no creyentes, nos ha conformado cada lenguaje y cultura, hemos derivado lesiones de cada rincón del mundo y hemos conocido la amargura de la guerra civil y la segregación, y hemos salido de esos capítulos oscuros más fuertes y unidos y no podemos dejar que los odios del pasado simplemente se esfumen.
A medida que nuestro mundo se hace más pequeño nuestra humanidad debe relevarse y Estados Unidos debe abrir paso a una nueva época de paz.
Al mundo musulmán buscamos una nueva forma de avanzar basada en intereses mutuos y respeto mutuo, a aquellos líderes que quieren sembrar conflicto o culpar de sus problemas a Occidente sepan que su gente los va a juzgar no por lo que han construido, sino por lo que han destruido.
A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y tratando de silenciar la disensión, sepan que están del lado equivocado de la historia, pero les vamos a tender la mano si están dispuestos a abrir el puño
A la gente de pueblos pobres les prometemos trabajar con ustedes para que sus granjas prosperen y tengan agua limpia, para ayudar a la gente con hambre y a las mentes con hambre, a aquellas naciones, como la nuestra, que tienen cierto grado de bienestar les diremos no podemos dejarnos llevar por la indiferencia por los que sufren fuera de nuestras fronteras, el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él.
Al considerar el camino que tenemos frente a nosotros recordamos con humilde gratitud a los valerosos estadounidenses que a esta hora patrullan desiertos y montañas lejanas, ellos tienen algo que decirnos como los héroes caídos que yacen en Arlington, los honramos no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad sino porque representan el espíritu de servicio, una disposición a encontrar significado en algo más grande que ellos mismos y en este momento, un momento que va a definir a una generación es precisamente este espíritu el que debe embargarnos a todos, porque por todo lo que pueda hacer un gobierno y deba hacer, en última instancia es la fe y determinación del pueblo estadounidense en lo que depende esta nación.
Es la generosidad para atender a un extraño, la generosidad de trabajar y es optar por perder unas horas antes que ver a un amigo desempleado, es el coraje de un bombero para entrar por una escalera llena de humo pero de un padre dispuesto a orientar y cuidar a su hijo, eso es lo que decide nuestro futuro, nuestros retos pueden ser nuevos, los instrumentos con los que nos enfrentamos pueden ser nuevos, pero esos valores de los que dependen nuestro éxito honestidad, trabajo duro, coraje, justicia, tolerancia, curiosidad, lealtad y patriotismo.
Estas son cosas inmanentes, estas cosas son ciertas, han sido la fuerza del progreso a lo largo de nuestra historia lo que hace falta entonces es volver a estos fundamentos, lo que se requiere de nosotros es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento de parte de cada estadounidense de que tenemos responsabilidades con nosotros, con la nación y el mundo, responsabilidades que no aceptamos a regañadientes sino con gusto, sabiendo que nada es más satisfactorio para el espíritu y definitorio de nuestro carácter que el entregarnos por entero a una tarea difícil, este es el precio y la promesa de la ciudadanía, esta es la fuente de nuestra confianza.
El saber que Dios nos ha pedido que le demos forma a nuestro destino, este es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, cuando hombres y mujeres y niños de cada raza y de cada fe pueden unirse en esta alameda nacional y porque un hombre cuyo padre salió hace menos de 60 años y quién trabajaba en un restaurante, está ahora con ustedes para asumir este importantísimo cargo.
Así que marquemos este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto hemos recorrido, en el año en que nació nuestro país, en los meses más frías, una pequeña banda de patriotas reunidos frente a fogatas, frente a un río congelado, la capital había sido abandonada, el enemigo avanzaba y la nieve estaba salpicada de sangre, en el momento en el que el futuro de la revolución estaba dudoso, el padre de nuestra nación ordenó que estas palabras fueran leídas a la gente: “Digámosle a los pueblos de futuro que en medio del invierno cuando nada podía sobrevivir que no fueran la esperanza y la virtud en la ciudad y en el país, frente a un peligro común, salimos al frente”.
Estados Unidos de cara a este invierno de dificultades recordemos estas palabras eternas, con esperanza y virtud encaremos una vez más las corrientes congeladas y aguantemos lo que nos traiga la tormenta, que nuestros hijos y nuestros nietos digan que cuando nos sometieron a la prueba nos negamos a claudicar, no volvimos la espalda y no fracasamos y que con los ojos en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, avanzamos con el don de la libertad y se los entregamos a salvo a generaciones futuras.
Gracias Dios los bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos."
El candidato demócrata se convierte por mayoría abrumadora en el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, tras vencer en los decisivos Estados de Florida, Ohio, Pensilvania y California.- La afluencia de votantes ha sido masiva, con más de 130 millones de sufragios
¡Hola, Chicago!
Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
Esta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.
En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.
Sí podemos
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.
Sí podemos.
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".
Sí podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.
Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América